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La Magia de la Navidad: Un Viaje desde la Niñez a la Maternidad y la Conciencia Colectiva



En esta Navidad, pongámonos el traje mental de Santa Claus


Recuerdo perfectamente el sentimiento de abrir los ojos el 25 de diciembre, despertar a mi hermano – si no que él ya me había despertado a mí – e irnos corriendo adonde nuestros papás. De camino al cuarto de mis papás “ojeábamos” la sala y veíamos algo que parecía magia – Santa había llegado a mi casa. Los recuerdos que tengo de esas mañanas no son cosas, son puras emociones. No recuerdo todos los regalos, pero sí recuerdo que sentía lo más cercano a magia que he sentido en mi vida. Sentía unas cosquillitas en la panza que señalaban que había ocurrido algo inexplicable; llegó Santa sin que nos diéramos cuenta, leyó mi carta y sabía lo que yo quería, se comió las galletas que le dejamos de regalo…


¡Sabe que existo!



Tuve el privilegio de vivir una niñez llena de ilusión. Nunca me faltó nada y lo que sea que faltó, no me enteré. Gracias a la maternidad he podido apreciar ahora más que nunca que, en mi casa y en la de tantos más, Santa era mujer.


Después de mi cumpleaños en septiembre, mi mamá empezaba a comprar regalos “a paguitos”, porque le ilusionaba mucho poder darnos algunas de las cosas que deseábamos. Decoraba la casa, muchas veces sola, para que tuviéramos un espacio lindo donde celebrar. Invitaba amigos a decorar el árbol y hacer galletas, porque ella nunca tuvo tradiciones navideñas y quería que nosotros creciéramos con unas. Siempre comíamos tamal de desayuno, los cuatro en la mesa, unidos por ella y su invitación a compartir juntos ese espacio. “Santa”, también conocida como “mami”, fue la que nos dio esas memorias de regalo.


El 2025 es el año en el que volví a sentir mariposas en la panza en Navidad, porque es el año en el que vivo la Navidad con una maravilla agarrándome la mano al caminar y señalando todo con asombro. Es el año en el que me pongo el traje mental de Santa Claus. Mi bebé me ha regalado tantas cosas que a menudo me pregunto cómo voy a hacer para agradecerle todo en una vida tan corta. Una de las cosas que me ha regalado es la capacidad de asombrarme por todo y por nada. Me ha dado el regalo de la presencia y la calma.


Me recordó que la urgencia es una ilusión y que compartir de manera consciente y presente es el mejor regalo que le podemos dar a un niño/a. Cuando pusimos y decoramos el árbol en la casa, mi esposo y yo nos quedamos viendo y dijimos: “creo que quedó un poco sin gracia”. Mi bebé estuvo en desacuerdo. Lo señalaba, con sus ojos llenos de luz, y con su voz inocente y su entonación en desarrollo, decía: “árbol, árbol, árbol”.


Con todas estas invitaciones nuevas a descubrir, pensar, soñar, también vienen muchos cuestionamientos. ¿Cómo vamos a hacer para mantenerlo siempre conectado con la realidad social? ¿Qué tipo de actividades queremos hacer para que conecte con los valores familiares? ¿Queremos que nuestro hijo crea en Santa Claus? ¿Y si cree en Santa Claus, cómo le explicamos que no todos los niños/as reciben visitas de él? Por suerte, en esta casa y cada vez en mayor cantidad, Santa Claus no solo es mujer.



Junto a mi esposo pensamos cómo queremos convertir estas experiencias en aprendizajes, qué tipo de valores queremos enseñarle a nuestro hijo, qué queremos que sienta y de dónde queremos que venga ese sentimiento, y cómo liderar con el ejemplo de que la época no se trata de qué tenemos, sino con quién estamos. ¡Qué reto tan inmenso es criar un hijo/a!


Y, además, tener el traje mental de Santa Claus desde la maternidad me dio un lente de empatía hacia las mamás y papás que no tienen cómo regalar ilusión a sus hijos/as en Navidad. No me refiero a regalos, me refiero a tantas personas que están tratando de sobrevivir el día a día y que no tienen el espacio mental ni la capacidad económica para pensar en todo esto que yo sí tengo el privilegio de pensar.


Ser mamá inmediatamente me unió de maneras inexplicables a las otras mamás del mundo. Las veo y… las veo. Veo sus dificultades, sus retos, veo todo lo que han entregado y todo lo que no le cuentan a nadie. Veo los sacrificios que hacen por su familia, las preocupaciones que nublan su mente, la carga mental que no tienen con quién compartir.

Y cuando pienso en la magia y la ilusión que me genera esta época, veo el dolor que deben sentir las madres que pasan necesidad económica de no poder darle a sus hijos/as todo lo que se merecen (seguridad, abrigo, alimento, educación, un techo digno). Porque como madres nunca queremos nada menos que eso.


Si hay algo que quiero hacer en esta época, es darle una mano a aquellas mamás que me topo en el camino. Aliviarles el corazón y ayudarles a entregar magia a sus familias. Todavía no sé cómo se va a ver la Navidad en nuestra casa, pero sí sé que vamos a hacer un esfuerzo consciente de enfocar nuestras energías en crear magia para nuestro hijo y para los hijos/as de las personas que nos rodean.

Les invito a ponerse el traje mental de Santa Claus en esta y todas las Navidades y recordar que el arzobispo Nicolás, de quien nace la figura de Santa Claus, era un hombre entregado a las personas necesitadas. Ahora más que nunca, es importantísimo que recordemos el valor que tiene la colectividad y la vida en sociedad.


Los hijos ajenos no son ajenos realmente, todos y todas tenemos la responsabilidad social de que ningún niño ni ninguna niña se quede atrás. Observen con conciencia a su alrededor y recuerden que ayudar al prójimo es ayudar al próximo, a aquella persona a la que le falta algo que yo tengo. Sea esto un consejo, ayuda económica, tiempo de calidad, un hombro para llorar, alimento, entre otros.


Cuando nos sintamos abrumados/as por la época, el tráfico, los gastos, la publicidad, las expectativas, las agendas apretadas, pausemos y pensemos con el traje mental de Santa Claus:


¿Estoy viviendo la época de la manera en la que quiero, o estoy dejando que las presiones externas dicten lo que es importante para mí?



Sofía Aragón Instagram:@ Powertothem

Mariela Hidalgo Instagram:@hakuna_mumtata Coordinadoras del programa de Alas “Crianza con Alas”

 
 
 

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