Lo que marzo y abril nos enseñaron:el cuerpo, la palabra y el espacio para estar juntas
- Crianza con ALAS
- hace 3 días
- 7 Min. de lectura
Casa Luz, Costa Rica · marzo — abril 2026
— Desde adentro —
Dos meses que se convirtieron en uno
Hay algo que nadie te cuenta cuando empezás un programa así: que cada mes vas a llegar pensando que sabés lo que va a pasar, y cada mes algo te va a sorprender.
Marzo y abril llegaron cargados. No solo de actividades o de contenido — sino de esas conversaciones que empiezan en un tema y terminan en algo completamente inesperado y necesario. De silencios que dicen más que las palabras. De momentos donde una se queda pensando en el camino a casa.
Escribir este blog desde mi voz se siente diferente a hacerlo desde afuera. Porque yo estuve ahí. Vi lo que pasó. Y hay cosas que quiero contarles — no como facilitadora, sino como alguien que también se fue transformando en el proceso.
— Marzo —
El mes en que hablamos de lo que casi nunca se habla
Cuando diseñamos el encuentro de marzo, sabíamos que el tema de salud sexual y reproductiva y salud materna iba a tocar fibras profundas. Son temas que para muchas de estas chicas vienen cargados de vergüenza, de información incompleta o de experiencias difíciles. No son temas fáciles de abordar en ningún espacio — mucho menos en uno donde la confianza todavía está construyéndose.
Por eso fue tan importante quiénes llegaron ese mes. Mónica Rojas y Montserrat Duarte no llegaron a dar una clase. Llegaron a crear un espacio donde las preguntas que nadie se atreve a hacer en voz alta pudieran salir sin miedo.
Mónica Rojas — Sexóloga

Mónica se define a sí misma como alguien apasionada por la educación sexual, la inclusión y cómo nos movemos por el mundo.
Y esa pasión se sintió desde el primer minuto. No llegó con respuestas preparadas para preguntas que nadie había hecho — llegó dispuesta a escuchar primero.
"Para mí era claro que lo que soy iba en
sintonía con el programa y con Casa Luz", me dijo. "Compartir el amor y la motivación de apoyar, educar y generar espacios significativos y transformadores son la razón principal por la cual estuve ese día allí." Lo que la llevó a decir que sí fue algo que me
llegó muy adentro: su convicción de que toda persona merece tener acceso a educación sexual, sin importar su historia ni sus circunstancias. "Todas fuimos una vez niñas o adolescentes", me explicó. "Conecto desde lo más profundo con ellas.
"Que las personas tengan la oportunidad de ser escuchadas, valoradas y comprendidas — para mí eso es lo más valioso de todo." Mónica Rojas, Sexóloga |
Lo que más le marcó no fue un momento específico — fue la actitud de las chicas. Su sed de saber. Sus preguntas. La manera en que buscaban más profundidad en los temas. "Aquí me doy cuenta cuáles son las necesidades, los temas de interés y su motivación", dijo. Y esa frase me quedó resonando, porque es exactamente lo que necesitamos saber cada mes para seguir construyendo este programa con sentido.
Montserrat Duarte — Médico General, énfasis materno-infantil

Montse llegó a Casa Luz con una ilusión muy clara: revelar el poder de un cuerpo materno, derribar mitos y recordarles a estas chicas el amor y el respeto que sus cuerpos merecen. Soy mamá y médico general, con énfasis en asesoría y acompañamiento materno-infantil, se presentó — y en esa combinación ya estaba todo.
Lo que la llevó a decir que sí fue su propio proceso de maternidad. "Creo que hay pocas fuerzas tan potentes como la empatía", me compartió. "Mi experiencia fue privilegiada en el sentido de que tuve acceso a mucha educación, y estoy segura de que eso me hizo comprender mis procesos de una mejor manera. Por eso quiero poder dar ese acceso a las chicas de Casa Luz — para que puedan enfrentarse a la maternidad con la mayor cantidad de herramientas posibles."
"El conocimiento y la educación empoderan mucho, sobre todo en momentos de tanta vulnerabilidad como este." Montserrat Duarte, Médico General |
La respuesta de las chicas la sorprendió — para bien. "Increíble. Mucho mejor de lo que esperaba", me dijo. "Estaban realmente sorprendidas de las capacidades de sus cuerpos. Aclararon muchas dudas, se sintieron identificadas con los cambios y entendieron por qué se dan. Sobre todo, creo que lograron visualizarse como capaces y poderosas."
El momento que más la marcó fue el inicio — cuando conoció a cada una. "Sus sueños, metas y capacidades... cada una con inteligencias, intereses y motivos tan diferentes, y con esa fuerza y esperanza de poder cambiar sus futuros." Se fue con la claridad y la paz de saber que con su aporte puede hacer diferencias. Y con las ganas de volver.
— Entre un mes y otro —
Algo había cambiado
Cuando llegó abril, noté algo diferente en el grupo. No sé si es la palabra correcta decir que estaban más abiertas — porque cada una tiene su propio ritmo y su propia historia. Pero sí había algo distinto en la manera en que llegaron al espacio. Como si marzo hubiera aflojado algo.
Quizás fue haber hablado de sus cuerpos con respeto. Quizás fue haber podido hacer preguntas sin vergüenza. Quizás fue simplemente que el programa llevaba ya dos meses en sus vidas y eso empieza a crear algo — una pequeña certeza de que este espacio es seguro.
Fuera cual fuera la razón, algo estaba listo para el tema que queríamos trabajar en abril: la convivencia. Aprender a estar juntas. A resolver desde el respeto. A construir vínculos sanos — con las otras y consigo mismas.
— Abril —
El mes en que aprendimos a estar juntas
El taller de abril lo diseñé desde la Programación Neurolingüística con una intención muy específica: que las herramientas para la convivencia no vinieran de afuera como reglas, sino que emergieran desde adentro como recursos que ya existen en cada una de ellas.
No quería que fuera una clase sobre cómo llevarse bien. Quería que fuera una experiencia de descubrir que ya saben hacerlo — que el conflicto no es el problema, sino la señal de que algo necesita ser atendido. Y que hay formas de atenderlo que no requieren ni ganar ni perder.
Trabajamos con dinámicas que usan el lenguaje, el cuerpo y la atención para cambiar el estado interno antes de responder. Cosas simples. Cosas que se pueden poner en práctica ese mismo día.
Lo que observé en las chicas durante el taller fue algo que me sigue emocionando: que cuando alguien les da un lenguaje para nombrar lo que sienten, lo usan. Inmediatamente. Con precisión. Como si hubieran estado esperando esas palabras.
María Laura Hernández — Neuropsicóloga

María Laura llegó a abril con algo que pocas veces entra en un taller de convivencia: el cuerpo. Una clase de yoga muy especial, diseñada específicamente para este grupo y este momento del programa.
Que una psicóloga especializada en niñez y adolescencia lleve el yoga a este espacio no es casualidad — es una decisión consciente de traer el trabajo con el cuerpo al encuentro con la propia historia. Porque cuando las palabras se agotan, el cuerpo sigue hablando.
María Laura llegó a Casa Luz con algo muy claro: convicción. "Llevo mi experiencia a donde vaya con mucha convicción", me dijo. "Siempre me llevo aprendizajes y cariño de vuelta, y eso es invaluable." Su motivación para decir que sí mezcló honestidad y propósito en partes iguales — me contó que desde un principio le llamaba la atención el proyecto y quería involucrarse de alguna forma. Sabía que iba a ser una experiencia enriquecedora.
Le pregunté cómo había respondido el grupo y me dijo que de forma positiva — la mayoría con linda disposición para compartir y aprender. "Nos movimos, compartimos, nos reímos y al final terminamos relajadas", describió. Y ese final es el que más me quedó grabado cuando me lo contó.
"Pensé que no íbamos a permanecer mucho tiempo en savasana — la postura final que requiere soltarse, dejarse llevar. Me sorprendió ver la apertura de las chicas para dejarse acompañar y aprender cosas nuevas. Me llevo ese momento." María Laura Hernández, Psicóloga |
Savasana es, para quien no conoce el yoga, la postura de rendición. La que pide que el cuerpo confíe. Y en un ambiente nuevo, con una persona que recién se conoce, eso no es fácil — especialmente para quienes han aprendido que no siempre es seguro soltar la guardia. Que las chicas hayan podido estar ahí, quietas, confiando — eso dice mucho más de ellas que cualquier cosa que podamos nosotras facilitar.
— Lo que me llevo —
Dos meses, muchas preguntas y una certeza
Cada vez que termina un encuentro en Casa Luz, me siento en el carro y me quedo un momento en silencio. No por agotamiento — aunque a veces también — sino porque necesito ese espacio para procesar lo que acaba de pasar.
Marzo me dejó pensando en el poder de la información. En cómo el conocimiento sobre el propio cuerpo cambia la manera en que una se para en el mundo. En cuántas preguntas estas chicas llevan hace años y nunca habían tenido un espacio seguro donde hacerlas.
Abril me dejó pensando en el cuerpo como aliado. En que la convivencia no es solo un tema de habilidades sociales — es también un tema de cómo habitamos nuestro propio espacio interno. Y en que cuando alguien te da permiso de moverse, respirar y soltar en grupo, algo colectivo también se transforma.
Lo que más me llevo de estos dos meses no es lo que yo pude aportar. Es lo que ellas me enseñaron a mí — que la resiliencia no es aguantar. Es seguir eligiendo estar presente, incluso cuando la vida no ha sido fácil.
"Este programa no llegó a Casa Luz a decirles cómo vivir. Llegó a caminar junto a ellas mientras descubren su propia manera de hacerlo." Mariela Hidalgo, Co-Líder Crianza con Alas |
— Lo que viene —
El camino continúa
El programa sigue. Cada mes, un nuevo tema, nuevas voces y las mismas chicas — que mes a mes van mostrándonos de lo que son capaces cuando alguien cree en ellas.
Crianza con Alas sigue construyendo junto a Casa Luz — porque criar con amor no es un destino, es un camino que se recorre acompañada.
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¿Querés saber cómo comenzó todo esto? |
El 28 de febrero fue el día que Crianza con Alas encontró su hogar en Casa Luz. Leé el blog de nuestro lanzamiento y conocé la historia desde el principio |
Mariela Hidalgo y Sofía Aragón
Co-Líderes, Crianza con Alas




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